30 años de “Sonic Temple”: revisitando el icónico álbum de The Cult

14 04 2019
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The Cult (1989)

El año 1989 fue trascendental para el grupo de rock británico The Cult. Seis años antes, el cantante Ian Astbury, el guitarrista Billy Duffy y el bajista Jamie Stewart formaban parte de un grupo post-punk que coqueteaba con el gótico en su álbum debut, “Dreamtime” en 1984. Al año siguiente lanzaron “Love”, una colección reluciente de rock y hermosas melodías impregnadas de psicodelia. La banda fue un éxito en el circuito universitario en los Estados Unidos y en el extranjero con canciones como “Rain”, “She Sells Sanctuary” y “Revolution”. Después, “Electric” (1987), producido por Rick Rubin, marcó un cambio en el sonido de la banda hacia el hard rock.

Pero el 10 de abril de 1989, la llegada de su cuarto álbum, “Sonic Temple”, marcó la apoteosis de The Cult. Auspiciados por Bob Rock, la grabación más exitosa de la banda, redefinió The Cult como una potencia rock, alcanzando el puesto número 10 en el Billboard 200 y generando cuatro de los 20 principales éxitos del Mainstream Rock Songs, entre ellos el indomable “Fire Woman” (que alcanzó el número 4).

“Sonic Temple” amplió enormemente la audiencia de The Cult. Su portada, teñida de rojo y con Duffy en un auténtico molino de viento a lo Pete Townshend, posa en contra de una silueta de Astbury moviendo el pelo. Stewart apareció en la contraportada; sin embargo, se retiró después de la gira de apoyo del disco. La canción bonus “Medicine Train”, donde Duffy se sumerge en la vivacidad de blues, inspiró el título del álbum con la letra “all fired up, a desolation angel / shooting from the hip in the sonic temple”. 

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Sonic Temple (1989)

Billboard estima que “Sonic Temple” ha vendido más de 1.5 millones de copias en los Estados Unidos, ya que la RIAA lo certificó como platino en enero de 1990 por 1 millón de ventas, y ha vendido 429,000 copias desde 1991, según Nielsen Music. Sus canciones han generado 17 millones de transmisiones de audio bajo demanda. Tres décadas después, The Cult está celebrando la grabación al reeditar el álbum en Beggars Banquet Records (fecha de lanzamiento por anunciar), y recorrerá América con la gira “A Sonic Temple”, que comienza el 2 de mayo.

El set de temas sigue siendo excepcional porque, con el rugido barítono de Astbury y la tenue interpretación de Duffy, nada más suena así. “Sun King” abre el álbum con la declaración, “aquí es donde termina todo”, y The Cult hace su presencia conocida con la gloriosa construcción de la apertura de la canción: una línea de bajo suave y palpitante antes de que la guitarra de Duffy explote…y la pista se transforma en auténtico hard rock. Aunque el título hace referencia a Luis XIV, Astbury, un diabólico meditabundo, está a merced de una mujer oscura y le ofrece su luz, suplicando: “Contigo, compartiré mi trono”. “Fire Woman” continúa con esta idea, con el cantante asombrado de una mujer que lo deja tambaleándose.

Hablando de musas, es notable que mientras otras bandas de la época escribían canciones arrolladoras sobre perseguir chicas y divertirse, The Cult se convirtió en poética en “Sonic Temple”. Sus mujeres no eran adornos; de hecho, en las cinco canciones que las presentan, son luminarias, ideales de belleza que confunden y permanecen inalcanzables. Ninguna de ellas parece querer tener nada que ver con Astbury, pero todo gran arte conlleva un gran sufrimiento. “Sweet Soul Sister” sigue con una expresión firme y fija a través del sueño bohemio de París. “Soul Asylum” golpea constantemente mientras Astbury le pide a un amante, suplicando refugio en forma de un beso eterno.

El romance oscuro de las raíces psicodélicas góticas post-punk de The Cult vuelve en “American Horse” y “Edie (Ciao Baby)” (esta última con una sección de cuerdas). La larga fascinación de Astbury por las tribus y su sufrimiento se afianza antes de deslizarse lentamente en su tributo a la musa de Andy Warhol, Edie Sedgwick. Su creciente voz representa a un ángel que finalmente termina en la desesperación de su muerte prematura.

“Sonic Temple” se transforma a medida que el estado de ánimo se mueve de himnos de alabanza y anhelo a furia tumultuosa. “New York City”, una historia del Manhattan de los años 80, compara a Gotham con un bote de basura de Disneyland sobre una guitarra desgarradora que chilla. “Automatic Blues” es un juego pesado, al estilo de Zeppelin, en el que el cantante implora que el mundo se una, y “Soldier Blue” continúa este tema, aunque es decididamente más rockero. “Wake Up, Time for Freedom” es un sermón que invierte mucho en la repetición del título / coro y que se convierte en una coda de la exploración a la guitarra de Duffy.

“Sonic Temple” es una colección refinada de temas que dan importancia a la madurez de la banda como compositores, y un tono sonoro que brilla con turbulencia y serenidad deslumbrante, con corrientes ocultas de romance oscuro.


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